jueves, marzo 09, 2023

Disociando

Pero qué es lo que se puede escribir cuando nos encontramos tan llenos de ausencias. Cualquier cosa que se produzca de aquel estado tan letárgico no debería interesar ni despertar el ímpetu de ser leído, a menos claro que su destinatario se encuentre igual de plagado de las mismas ausencias. Intereses afines vaya.

Supongo que Kerouac sabía esto bastante bien, de manera que desde muy temprano se rodeó de personas profundamente intensas, y extrañas, razón misma por la que terminaron por resultarle tan seductoras. Y esos testimonios recogidos en sus textos fueron también seductores para tantos lectores que se enamoraron de esa actitud bohemia que perduró por un largo rato.

Siempre hay algo que viene después. Nosotros lo pasamos todo el tiempo viendo, siendo testigos, colaborando sin querer, siendo llevados por esta corriente eterna que nos mueve y que con la inercia también movemos. 

Uno de los postulados del posmodernismo (Vattimo) nos decía que la historia general del mundo había terminado, y en cambio lo que teníamos ahora era una narrativa difusa, nada general. Más tarde ocurrieron acontecimientos mundiales que de algún modo nos colocaron de nuevo en la historia del mundo. Pero hoy parece que de nuevo nos movemos hacia una corriente única, que no se compara a nada más. Aunque más tarde ocurre otra situación que nos devuelve al mismo lugar. Otra vez. Ciclos.

Supongo que algo se gesta dentro de nosotros en cualquier caso.

jueves, marzo 02, 2023

La juventud es una trampa

 "Una de las trampas de la juventud es que no necesitas entender algo para sentirlo [...]"

Ciertas historias con personajes de edad similar a la mía en aquel entonces fueron las que capturaron fugazmente mi atención e ímpetu lector. Era una situación común, prácticamente una regla general, aunque las variables eran la temática de esas lecturas primigenias. Nuestros compañeros de años avanzados, los recuerdo, hablaban de títulos como 'El Camino' de Kerouac, o 'Aullido' de Ginsberg. Una cultura beatnik. Una más de las contraculturas. No sé si aún podía hablarse de contraculturas por aquel entonces. No tengo ni idea si aún ahora puede hacerse. 

Lo nuestro fue un poco más tradicional si se quiede decir. Pero esta lectura en particular, el segundo libro de la trilogía de Ernesto Sábato, significó una enorme pausa. Adentrarse en su contenido de vez en cuando fue un poco tedioso, debido a la difucultad para entender ciertas peculiaridades de la cultura argentina. Pero lo importante para mí fue entender esa trama tan extraña. 

En resumen todo se trata de un testimonio, pero es tan violento, lamentable, misterioso y oscuro, que fue imposible terminar aquella historia sin una sensación de no haber resuelto las cosas. Esta situación, como era de esperarse, perduró más de la cuenta. Busqué respuestas al igual que muchos, el mismo autor cuando era entrevistado hablaba de cómo muchas personas le cuestionaban sobre los significados. El muy cretino respondía que ni él mismo sabía por qué escribía lo que escribía. 

Me digo a mí mismo que siendo objetivos la trama podría calificarse de sencilla, pero ahí está el asunto, no se puede ser objetivo con estas cosas cuando de lo que se trata es de apreciar una obra y dejarse llevar. El lector colabora con el escritor para que la historia pueda tener vida propia. Al final hemos sido todas nosotras las personas que propiciaron un desenlace tan extraño. Y después ha sucedido que la confusión nos pertenece, tanto como los significados a los que llegamos en conjunto.

Creo que al final todo es así, una interminable construcción de puentes, que no sucede sino gracias a la mutua colaboración. Y no se pueden construir puentes hacia los lugares de donde nadie quiere salir. Qué grato es el desinterés que existe en estas multitudes de personas a las que les gusta estar confundidas y con situaciones que no se resuelven nunca. Casi una sociedad ideal.

Me pregunto qué tanto de lo que hemos leído fue real.